El muro contra la marihuana se esfuma en Latinoamérica

En los últimos meses hemos asistido a lo que sin duda alguna son los primeros pasos para que se derrumben las trabas contra la legalización de la marihuana en todo el continente americano. La realidad se está imponiendo más allá de  los discursos de la  vetusta clase política.

Las últimas noticias sobre este tema soplan del Caribe. Ahí los 15 Estados agrupados en el CARICOM han abierto un debate sobre la  legalización de esta planta con fines médicos, y quieren hacer de su producción una  industria que contribuya a mejorar la deprimida situación económica de esa región.

El bloque de países caribeños no han sido los únicos en abordar el tema de la legalización de la marihuana, lo ha hecho también el Comité de Justicia del Senado de los Estados Unidos en un debate histórico en el que por primera vez se discutió este asunto.

El Gobierno de Obama decidió recientemente no actuar en contra de aquellos Estados en los que es legal el consumo de la marihuana con fines médicos y de recreación, siempre y cuando esas medidas no contravengan la nueva estrategia central contra las drogas.

La Administración norteamericana  ha optado por unas políticas que estén basadas en la prevención y en la salud, y no en la persecución a los consumidores, que era  como lo estaban haciendo hasta ahora.

La  nueva posición del Gobierno estadounidense sobre este tema se dio a conocer hace unas semanas tras un largo silencio, después  de las elecciones del pasado 6 de noviembre, en las que los Estados de Colorado y Washington legalizaron la marihuana con fines de recreación.

En México,  tierra fértil del narcotráfico y de las narcoguerrillas  ya se han escuchado voces para legalizar esa droga.  En el país Azteca se ha abierto también un intenso debate sobre la legalización de la marihuana promovida por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

 Las opiniones de los mexicanos se expusieron en un foro denominado: “De la prohibición a la regulación: nuevos enfoques sobre políticas de drogas” en las que participaron también especialistas de Holanda, Portugal, Suiza y organismos de derechos humanos.

Uruguay da el  paso en Latinoamérica

El pequeño país suramericano, que cuenta con más de tres millones de habitantes, ha conseguido lo que otros países llevan meses intentando.

 Uruguay ha aprobado un proyecto de ley para legalizar el consumo, la venta y la distribución de la marihuana. La propuesta de regulación fue ratificada con 50 votos a favor y 46 en contra, y permitirá al Estado uruguayo controlar el negocio del cannabis y dar  licencias a empresas para que la produzcan y la distribuyan.

El debate sobre la despenalización de las drogas se está imponiendo con fuerza en toda América y es la primera vez que un Estado del continente adopta una posición contraria a la política de Washington que fue el que diseñó, a principio de los años 70, los lineamientos para combatir el narcotráfico.

La medida adoptada por el país suramericano es un punto de inflexión importante en la lucha contra el narcotráfico y puede ser un modelo a seguir para varios países iberoamericanos que buscan desesperadamente alternativas para frenar la violencia en sus territorios.

El presidente de Uruguay, José Mujica (78 años) defendió la legalización de la marihuana en su país con estos argumentos: la sociedad se ha vuelto vieja al no comprender que las drogas siempre han estado ahí, que no las ha inventado el Gobierno y que existe un mercado ilegal que habrá que controlar.

“Yo soy antiguo y viejo… Nunca en mi vida probé un porro (cigarro de marihuana), pero me doy cuenta, me tengo que rejuvenecer las neuronas y darme cuenta, cuál es la vida de los muchachos” reconocía el mandatario hace unos días a la prensa.

El debate empezó en Guatemala 

Uruguay, Colombia y Guatemala, han sido los países iberoamericanos que han puesto en el debate público el tema de la despenalización de las drogas. Sin embargo, el primero que alzó la voz para hablar sobre ese fenómeno social fue el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina.

El mandatario guatemalteco propuso a la comunidad internacional que el problema de las drogas se abordará como un asunto de salud pública y como una alternativa para resolver el tema de la violencia en su país.

La región centroamericana que ha sufrido en los últimos años las consecuencias directas del narcotráfico es en la actualidad una de las zonas más violentas del mundo.

La propuesta de Pérez Molina tuvo resonancia en todo el continente americano, sin embargo nadie se atrevió a ponerle el cascabel al gato, solamente obtuvo velados apoyos a su propuesta, pero sin ningún resultado concreto.

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Obama, las armas y Centroamérica

armas Centroamerica

Deylin Gutiérrez

No sabemos si llegarán a buen puerto, pero la ofensiva contra las armas que lanzara recientemente el presidente Obama beneficiará de alguna manera a la seguridad de México y Centroamérica.

Las autoridades de la región se han quejado de que la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado no tendría sentido mientras los Estados Unidos no pusiera de su parte en el tema. Y en eso llevaban razón.

Sostienen que no es posible que en la batalla contra la delincuencia organizada, la región ponga los muertos y que los Estados Unidos -que es el último eslabón de la cadena sangrienta- solamente hagan declaraciones de buenas intenciones para atajar el problema.

Sobre todo cuando el mismo Obama reconocía públicamente que el 90 por ciento de las armas que obtienen los criminales mexicanos -y que luego se han trasladado a Centroamérica– provienen de los Estados Unidos.

La causa de la inseguridad de la región la tienen en parte las armas. Las legales y las ilegales. Las que entran y salen sin ningún control, y que en alguna ocasión fueron introducidas por el mismo gobierno de los Estados Unidos, como  es  el caso Fast and Furious  en el que miles de armas entraron de manera ilegal en México.

Un estudio sobre la delincuencia organizada en Centroamérica y el Caribe elaborado por la Naciones Unidas en  septiembre del 2012 refiere que el 77 por ciento de los homicidios ocurridos en la región se producen con armas de fuego y que detener el flujo de armas hacia los criminales  debería ser una prioridad para las autoridades.

La mayoría de armas que hay en la región han sido compradas legalmente en los Estados Unidos. Aunque algunas fueron traficadas, muchas de éstas son importadas con sus documentos en regla y sólo más tarde son desviadas al uso ilícito.

En general los rifles de asalto, no son los que más se utilizan en la delincuencia urbana. Sí lo son las pistolas, por ser más fáciles de ocultar, más fáciles de usar a corta distancia y más efectivas para casi todas las tareas de los criminales.

El informe de la ONU calcula que en Centroamérica hay unos 2.2 millones de armas de fuego registradas,  de las cuales 870 mil están en manos de las fuerzas de seguridad y 1.4 millones están registradas por civiles.  Además estima que hay unos 2.8 millones de armas  que no están controladas.

En Centroamérica no habría necesidad de traficar armas, si tomamos en cuenta que ya están aquí. Son en muchos casos, una herencia de la guerra de los años 80 y 90. Sin embargo, en la coyuntura actual la ubicación de esas armas y su demanda  no es la misma.

Salvo en circunstancias excepcionales, no hay una relación directa entre las armas de fuego de alto calibre y los homicidios ocurridos en la zona. La mayoría de  los crímenes se producen con armas cortas.

En Honduras, uno de los países más violentos del mundo,  el 63 por ciento de las pistolas incautadas entre 2008 y 2011 fueron las de 9mm y solamente se incautaron un 4 por ciento de los rifles de asalto. Lo que determina que el problema no son los rifles de asalto si no los revólveres.

Está por verse si esas medidas que anunció el presidente Obama van a surtir efecto en una región que se desangra todos los días por la violencia y el crimen organizado. Lo único que está claro  es que no será una batalla fácil para el presidente estadounidense y que en el camino pueden pasar muchas cosas.