¿Y si no hubiesen matado a Facundo Cabral?

Ha transcurrido  más de un año del asesinato del trovador argentino, Facundo Cabral a manos de sicarios en Guatemala. La muerte del artista conmovió a todos los países latinoamericanos y desveló una realidad que quiere ser ignorada: el crimen organizado está echando raíces en Centroamérica. Y peor aún, se está colando en las instituciones públicas, en países como Nicaragua donde esto, que sí sucede en Guatemala, antes parecía inimaginable.

Después de la muerte del argentino y con el caso prácticamente cerrado me he preguntado:  ¿las autoridades de Guatemala y del resto de países de Centroamérica habrían actuado de otra manera si en el asesinato en el que murió Facundo la víctima hubiese sido otra persona?

Facundo Cabral

Si no fuese por la muerte del autor del famoso tema: No soy de aquí, no soy de allá no nos hubiésemos enterado de todo el entramado que tenía montado el crimen organizado en la región.

No sabríamos que el problema del narcotráfico en Centroamérica es más complejo de lo que han querido dibujar con sutileza las autoridades. En efecto, la estrategia de combate del gobierno mexicano en contra los cárteles de las drogas ha hecho que los narcotraficantes se desplacen hacia los países vecinos.

Los medios de comunicación tampoco hubieran contado que el costarricense Alejandro Jiménez -un antiguo vendedor de frutas- se convertiría años más tarde en “El Palidejo”, el jefe de las drogas en Centroamérica y principal enlace con los cárteles de Colombia y de México. Jiménez, de 38 años, es el autor intelectual del asesinato de Cabral y actualmente se encuentra detenido en Guatemala.

Las autoridades judiciales le atribuyen cargos de asesinato en grado de tentativa, asociación ilícita y encubrimiento propio. Fue capturado cuando pretendía ingresar a Colombia y deportado a Guatemala. En Costa Rica, es buscado por blanqueo de capitales.

 El video muestra como mataron  a Facundo Cabral.

Tampoco nos habríamos enterado que Henry Fariñas, un luthier nicaragüense -y mira que hay pocos en el país- dejó sus herramientas de arreglar pianos y violines para dedicarse a los negocios del espectáculo y de los puticlubs. Pero como una cosa lleva a la otra y cualquier negocio busca hacer dinero, el nicaragüense radicado en Guatemala fue contratado por Jiménez para ser el representante “plenipotenciario” de los carteles de la droga en Nicaragua.

Fariñas, de 41 años, era el conductor de la camioneta que trasladaba a Facundo Cabral al aeropuerto internacional La Aurora, de Guatemala, el día del asesinato, y el blanco de aquel atentado. Se encuentra detenido en Nicaragua a la espera de ser juzgado por narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado.

No nos habríamos enterado además que la Policía de Nicaragua no es tan transparente como quieren hacernos creer, y que algunos de sus altos oficiales al parecer han tenido contactos con narcotraficantes y no precisamente para resolver temas de la institución.

Fue precisamente después de algunas publicaciones que hicieron los medios de comunicación; en las que se denunciaba a algunas autoridades policiales con personajes vinculados con el narcotráfico; que la directora general de la Policía Nacional de Nicaragua, Aminta Granera mandó a retiro a ocho jefes policiales. Entre los retirados estaba el subdirector de esa institución Carlos Palacios, quien supuestamente era amigo de Fariñas.

Sin la muerte del trovador, quizás no estaríamos enterados de que Julio César Osuna, el magistrado suplente del cuestionado Poder Electoral nicaraguense, trabajaba desde su posición que le daba tan alto cargo, para “Los Charros”, una banda de narcotraficantes ligada a “El Palidejo”.

El magistrado liberal era el encargado de elaborar y de vender documentos de identidad a narcos vinculados con el costarricense. La Policía encontró en la oficina del funcionario 250 documentos de identidad, más de 12 solicitudes y siete comprobantes de solicitud.
El funcionario se encuentra detenido y acusado por los delitos de crimen organizado y falsedad ideológica en contra del Estado de Nicaragua.

Una última cosa que salió a luz tras el crimen de Cabral, es que la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos ( DEA por sus siglas en inglés) sabía todo sobre cómo opera el narcotráfico en la región, pero como suele ocurrir en este tipo de casos, no sé si por costumbre o por protagonismo político, los estadounidenses empiezan a soltar la información hasta que los hechos son del conocimiento público.

Sabían, según contó Michael Vigil, exagente especial de la DEA retirado desde 2004, que “El Palidejo” era el contacto entre varios de los narcotraficantes más buscados por la justicia estadounidense. Que movía grandes cantidades de cocaína desde Colombia hacia Centroamérica, principalmente por Guatemala, droga que entregaba a los cárteles mexicanos.

La DEA conocía también que Henry Fariñas estaba ligado al narcotráfico desde hacía muchos años, y hasta ahora cuenta que lo tenían fichado, que fue deportado de los Estados Unidos en 1990, que trasportó drogas desde Honduras hacia ese país del Norte y que era un chico malo.

Es una pena que Facundo haya muerto de aquella manera tan cruel, pues nadie tiene el derecho a quitarnos la vida, ni muchos menos de la forma en la que lo hicieron con el artista, pero estoy seguro que si no fuese por la sangre derramada por “el mensajero de la paz” a como se le conocía al argentino, probablemente hoy todo estaría como si no hubiese pasado nada.