Ian Gibson: Yo veo a Lorca como poseído por Darío

Es uno de los personajes que más conoce la vida y la obra del poeta español Federico García Lorca, y en esta entrevista recuerda su encuentro con la obra de Rubén Darío hace ya varios años y la influencia que tuvo éste en la obra del poeta andaluz.

Por: Deylin Gutiérrez

Cuando Ian Gibson (Dublín, 1939) empezó a leer los primeros poemas que escribió Lorca,  tenía el presentimiento de que ya los había leído antes, pero escritos por otra persona. Años después en su periplo por conocer la vida y obra del poeta granadino (España), en la que lleva ya más de 40 años, descubrió que aquel “dejavu” literario que vivió al leer los escritos estaba relacionado con la influencia de otro poeta en la vida del andaluz. Se trataba de Rubén Darío, el vate nicaragüense cuyos versos fecundaron de sustancia la obra juvenil de Lorca.

El hispanista irlandés -nacionalizado español- y escritor de la novela: “Yo Rubén Darío” recuerda que la presencia de Rubén en la “Generación del27”-especialmente en Federico García Lorca- fue fundamental para definir los nuevos derroteros de la poesía de esa época en España, caracterizada por el academicismo y por la trivialidad de sus temas.

Ese desasosiego por la búsqueda de referentes personales y culturales, sumado a la angustia religiosa y al miedo existencial con la que convivía Lorca, hizo que desde muy joven éste se identificara y refugiara en la obra del poeta nicaragüense, quien posteriormente se convertiría en su principal maestro.

“Rubén fue el gran maestro poético de Lorca durante varios años, las lecturas que hizo éste sobre las obras de Rubén fueron fundamentales para desarrollar  poderosamente la sensibilidad del artista granadino” dice el hispanista, quien tras la publicación de la novela sobre Darío fue elegido miembro nicaragüense de la lengua.

Según Gibson, para Lorca fue decisivo encontrar a Rubén Darío, no sólo porque con éste nace a la poesía, si no también porque las ideas que tenía el nicaragüense de lo cristiano y lo pagano, fueron importantes para liberarlo de los sentimientos de vergüenza y de culpa que tenía el granadino entre otras cosas por ser homosexual.

Lorca estaba poseído por Darío y así lo confirman sus referencias constante que hace del nicaragüense en su obra temprana,  meses después de la muerte de éste en febrero de 1916. En las prosas que escribió Lorca en 1917 y que denominó “místicas”, éste le pide a Rubén que lo libere de la angustia existencial que estaba viviendo esos días: “… Rubén Darío, que moriste de sensualidad por mí, ten misericordia de mí” escribió Lorca.

Esas prosas publicadas en 1917 fueron al parecer el inicio de un proceso incontenible de desarrollo lírico del poeta andaluz, provocado según Francisco Lorca, hermano del poeta -citado por Gibson en uno de sus trabajos- por el encuentro del poeta granadino con la obra de Rubén Darío y es la demostración principal de que Lorca llega a la poesía de la mano de Darío.

Yo Gibson

Si Lorca llegó a la poesía de la mano del poeta nicaragüense, de la misma manera llegó muchos años después Ian Gibson al idioma español y a la literatura española. A los 17 años,  era un adolescente acomplejado, hijo de una familia protestante, con inquietudes, como las de cualquier persona de su edad, preocupado por el rumbo de su vida y con un marcado interés por la literatura francesa.

Había iniciado sus estudios de literatura francesa en la universidad de Dublín cuando Donald Shaw, un profesor de su facultad le invitó a participar en un curso sobre la obra de un poeta hispanoamericano, desconocido por él hasta ese momento, pero muy influido por la cultura gala. Aquel  fue su primer encuentro con Rubén Darío, y de ahí inició no solo su curiosidad por conocer la obra del poeta nicaragüense, sino también por mejorar sus estudios sobre la lengua castellana.

El hispanista recuerda que “Azul”, la obra cumbre de Rubén Darío,  fue el primer libro  que leyó en español, y el que lo liberó de aquellos momentos de incertidumbres que vivió de joven. En efecto aquel libro le abrió la mente a un mundo nuevo lleno de colores, sonidos y sensualidad.

De ese encuentro entre el escritor irlandés con la obra del bardo nicaragüense y la literatura española, han pasado ya más de cincuenta años y los resultados para el escritor son más que halagüeños. Gibson publicó en 2002 una novela sobre Darío basada en la autobiografía que escribió éste en 1915 contada por el mismo poeta. Además a lo largo de estos años el irlandés se ha convertido en una de las voces más respetadas para hablar de Federico García Lorca.

El hispanista cuenta que la novela que escribió hace seis años sobre Darío, y que algunos han considerado un plagio, es un homenaje que tenía reservado para éste desde hacía muchos años, y que lo quería con la misma era exteriorizar su afecto hacia el vate, y pensó “que la mejor manera de hacerlo era retomar el hilo de sus memorias y contarlas en la voz del mismo poeta, introduciendo algunos aspectos novelescos y haciendo una mezcla entre su autobiografía y la investigación”

“Quería meterme en la piel del poeta desde el más allá, entender lo que le motivaba, cómo eran sus conflictos, porque el Rubén que habla aquí en la novela es el Rubén muerto, pero que no está muerto, está en algún sitio, porque a él le fascinaban el espiritismo, de tal manera que recuerda su propia vida, después de muerto” asegura Gibson.

Afirma que la autobiografía de Rubén, publicadas en 1916 no es tan completa, si se toma en cuenta la situación  en la que se recogió esa información, pues éste se encontraba enfermo y postrado en una cama, y desde ahí dictó a un amanuense todo aquello que quiso contar, obviando muchos aspectos relevantes de su vida. Por tal razón es que Gibson en la novela que escribió sobre el nicaragüense quiso de  alguna manera imaginar como habrían sido esas memorias  contadas  con sinceridad y sin esconder nada.

Darío después de 147 años

Ian Gibson considera que al morir Darío, murió también la poesía modernista. Los poetas jóvenes de ese entonces lo entendieron perfectamente y supieron encajar esa baja dentro de la normalidad. Esos poetas según cuenta “sabían que el modernismo había desempeñado su papel, pero que ya no se podía seguir con las ideas de Rubén cuando se ha iniciado una guerra mundial matando a millones de gentes”.

Ese lenguaje que construyó el poeta nicaragüense y con el que denunció tantas injusticias ya no servía en ese momento, lo que no quería decir que no estuviese vigente, para expresar o denunciar lo que estaba ocurriendo. Es a partir de esa época que los nuevos poetas  comienzan a descubrir nuevas formas de expresión literaria a través del ultraísmo.

Para Gibson la imagen de Rubén nunca se conoció en profundidad y lo que se conoce actualmente es su lado brillante, pero se ha dejado atrás su obra posterior y más profunda, y la que puede dar pistas para entenderlo mejor. “La gente recuerda vagamente al Rubén del escalofrío, versallesco, pero al Rubén del terror en medio de la noche y que atrajo mucho a Lorca, y que estaba en contacto con el misterio, se aprecia menos” expone Gibson.

Dice que después de tantos años de conocer a Rubén le gustaría investigar sobre su infancia, pues ahí lo explicaría todo, pero también tiene interés en conocer más sobre su vida sexual, su relación con las mujeres y sobre todo su vida matrimonial con Rosario Murillo que tantos quebraderos de cabezas le acarreo al vate.

Anuncios